Mamá quiero un perro. Educar con mascotas.

Seguro que muchos de vosotros habéis escuchado ya esta frase de vuestros hijos: “Mamá quiero una mascota”.

Las películas de dibujos animados y los cuentos infantiles narran aventuras protagonizadas por animales que hablan, y nuestros hijos comienzan a sentir simpatía por esos animalitos que despiertan su ternura y su curiosidad. A partir de ahí, descubren que alguno de sus amiguitos o vecinos tienen un hámster, un pez, un gatito o un perro, con el que juegan todas las tardes.

Muchos estudios de psicología demuestran la relación estrecha que se establece entre los niños y los animales, y cómo éstos últimos dotan a los más pequeños de la casa de un sentido acentuado de la responsabilidad, cuando se encargan de algunas de las tareas de su cuidado, como sacarles a pasear, darles de comer, cepillarles, llevarles al veterinario, etc.

Queremos dejar claro que una mascota no es un simple recurso pedagógico que pueda ser comprado, usado, deteriorado y abandonado. No son un medio didáctico creado para transmitir disciplina, compromiso y madurez al niño. Debemos ser conscientes y transmitírselo así a nuestros hijos, que los animales tienen su propia existencia, sus propios derechos y procesos vitales, nacen, crecen, se alimentan, se reproducen y mueren, igual que nosotros. No son juguetes diseñados para satisfacer los antojos infantiles.

Educar con mascotas

Por otro lado, es verdad que el hecho de que el niño se eduque y crezca con animales, promueve el desarrollo de su empatía, de su capacidad de ponerse en el lugar del otro y ser solidario con las carencias de los demás, valores muy importantes en la educación con los que seguro quieres que tu hijo crezca.

Otro dato positivo es que salir a pasear con las mascotas, con las que esto es posible, garantiza un ejercicio físico regular al menor, que forma parte de un hábito saludable, y disminuye el tiempo invertido en otras actividades sedentarias, como la televisión o los videojuegos.

Sin duda, es una experiencia en la que debemos asesorarnos sea con un veterinario o un adiestrador por ejemplo, y que les enriquecerá, porque la educación emocional es una asignatura más, a la que podemos acercarnos tanto con los libros, como con las plantas o los animales.

Imagen gracias a Sierracan